Desde mis zapas

El Trail de las 3 Sorores, un relato personal del valencià Javier Oliver

Res millor per a viure l’aventura que imaginar-se reptes, somniar rutes i descobrir camins. Per molt que no formen part d’un recorregut ja marcat o una competició amb altres companys de passions. Un repte personal direct: home-natura, per a disfrutar, per a gaudir, i per a poder contar-ho.

És el que ha fet recentment el valencià Javier Oliver, del projecte Encordados por la Vida, que ens fa arribar la seua experiència al Trail de las 3 Sorores.

Encordados a la vida


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Un Trail inventado…

No, no busquéis, que no existe como tal. “Trail de las Tres Sorores” es el nombre que le he puesto a un reto personal, a caballo entre el trail running y el speed climbing, que llevaba algún tiempo rumiando.

No tenía constancia de intentos previos, y mira que hay chiflados en este peculiar mundillo de las “montañas rusas”.

Yo y mis zapas, mis zapas y yo, nadie más…

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Un corre que te pillo

Un desafío de más de once horas corriendo en solitario por el cielo de Ordesa (Huesca, Pirineo Aragonés), encadenando sus tres emblemáticas cimas, las Tres Sorores: Soum de Ramond o Añisclo (3.263 mts.), Monte Perdido (3.355 mts.) y Cilindro de Marboré (3.328 mts.). Un corre-que-te-pillo por terreno de alta montaña, técnico y duro.

Una combinación sublime de zonas de velocidad, por senda, piedra o hierba, con otros tramos de concentración máxima en pasos de escalada y tránsito por glaciar.

 

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De las primeras, destacar el camino de Turieto Bajo, especialmente por la noche, con la media luna y la fauna noctámbula de testigos, así como la bajada de Monte Perdido pegando saltos por la famosa “escupidera”.

De los tramos técnicos y duros, destacar el acceso al desolado y solitario Cuello de Monte Perdido desde el Soum de Ramond, donde mis “micros” (piolet y crampones) tuvieron que emplearse a fondo en una infame pala de nieve estival con malas pulgas, o el acceso al Cilindro de Marboré por su inquietante chimenea, tan sencilla como peligrosa.

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Una locura…

 

En fin, una locura de más de cincuenta kilómetros que empezaba en la localidad de Torla, con el canto del grillo, y terminaba en el mismo sitio… con el canto de la chicharra.

Una locura en la que primé el disfrute espiritual sobre el tiempo a invertir. ¿Se puede rebajar el crono? ¡Seguro! Pero si lo intentas, amigo trail runner, tendrás por delante un precioso reto…más allá de lo físicamente razonable.

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