Conquerint l’Alpamayo

La crònica dels alpinistes ilicitants amb la seua experiència a la muntanya més bonica del món

Una experiència… a la muntanya més bonica del món. Això és el que han viscut este mes d’agost un grup d’alpinistes d’Elx encapçalats per Juan Agulló que han estat fent muntanya a l’Alpamayo, al Perú i als seus 5.947 metres d’altitud. «És una piràmide de gel perfecta», explicava Juan Agulló, experimentat alpinista que ha format part d’altres grans expedicions a Sudamèrica i també a l’Himàlaia amb ascensions al Cho Oyu i integrant l’expedició del Reto Everest que va fer cim a la muntanya més alta del món. Esta és la seua experiència al Perú.

Objetivo Alpamayo, nuevo intento


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Una piràmide perfecta de gel…

Així és l’Alpamayo a la Cordillera Blanca dels Andes al Perú. Fins allà marxaren a finals de juliol Juan Agulló, Vicente García, dos alpinistes d’Elx que ja ho intentaren fa 3 anys i es quedaren amb les ganes, esta volta acompayats per Javier Rubira de Rojas i David Belmonte Belda. I enguany l’experiència ha pogut ser millor.

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Los inicios…

«Hicimos dos jornadas caminando de aproximación hasta el Campo Base a 4.350 metros. Dos jornadas más para montar el Campo Morrena a 4.800 metros y montamos el Campo Alto dos días después a 5.400 metros.

El cambio de luna nos obliga a permanecer metidos en las tiendas a esta altitud por  las nevadas y una ventana de buen tiempo nos permite salir el día 6 de agosto a las 0:30 horas con temperaturas de unos 20  grados bajo cero».

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El ataque…

Descendemos al glaciar para situarnos al pie de la pared Sur Oeste del Alpamayo con 500 metros de hielo por encima de nuestras cabezas. Es noche cerrada cuando comenzamos a escalar. Los primeros largos de unos 70 grados de vertical se suceden con rapidez, pero el frío nos atenaza y nos abrigamos con todas las prendas que llevamos en la mochila.

Con las primeras luces del alba nos encontramos a mitad de la pared donde comienzan los tramos más verticales y expuestos de la ruta, desde aquí se han bajado la mayoría de las cordadas que lo han intentado antes que nosotros. A partir de aquí el ritmo de la escalada es más lento ya que el muro de hielo tiene varios tramos técnicos en roca y la inclinación está por encima de los 80-85 grados.

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El final…

«Llegando a la cima el hielo donde apenas entraban las puntas de nuestros piolets y los crampones se convierte en nieve azúcar. Justo estamos debajo del hongo de la cumbre donde un par de estacas nos indican que hemos llegado al final de nuestro sueño. Encajonados en una estrecha canaleta de hielo nos hacemos las últimas fotos.

Han sido 12 duras horas de escalada en la subida y ahora toca bajar. 8 rápeles con las cuerdas, en los que no dejamos en ningún momento de vigilar las amenazantes cornisas de hielo que bordean nuestro descenso, nos sitúan en unas tres horas más de nuevo al pie de la pared».

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