Els guanyadors de Relatos en zapatillas són…

‘Bajo la lluvia’, d’Isabel Remohí, d’Alaquàs, és el primer premi; Jordi Pla, d’Albaida, amb ‘Historia de dos atletas’, és el segon

Completen els cinc primers Javier García Callejo (3r), de València, Francisco García Romeu de la Vega (4rt), d’Alacant, i María Fermina Antón (5è), de València

Han sigut més de 100 relats, en concret 109, els presentats al primer concurs de relats de muntanya i esport ‘Relatos en zapatillas’. Organitzat i promogut per l’empresa de cronometratge MyChip, ahir es van fer públics els cinc guanyadors. ‘Bajo la lluvia’, d’Isabel Remohí, d’Alaquàs, va ser l’obra guanyadora. Ací avancem alguns fragments dels cinc relats… es poden llegir complets fent click ací.

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1. Isabel Remohi (Bajo la lluvia)

“Pero ahora me gustaría saber porqué me seguía alguien. A mí no me importaba el ritmo, y si podía ayudar a alguien siempre me encantaba, pero me resultaba “extraño” que me siguiera a distancia, que no dijese nada, que hiciese mi mismo recorrido… me sentía molesta, y casi nunca mi instinto se había equivocado.

Desde aquella vez que salí a pasear a mi perro Pipo y tuve que volver corriendo a casa, sacar la llave a toda prisa y meterme en el portal, para ver desde el otro lado cómo mi perseguidor agitaba sus partes más (nobles iba a decir, pero no…), su zona íntima, delante de mí. (Tenía 8 años)”.

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2. Jordi Pla (Historia de dos atletas)

“Se trataba de un documental protagonizado por Karl Metzer, empeñado en batir el récord del camino de los Apalaches: 3523 kilómetros, en diez días, ¡casi nada! Al pobre Ricardo, lo que más le había llamado la atención es que la mujer del corredor lo había acompañado en diferentes momentos de su aventura. Ese día parecía condenado a sentirse solo. Quizá fue eso lo que le llevó a recordar la conversación que había escuchado aquella mañana en el curro. Uno de sus compañeros le comentó a otro que se había hecho Tinder -una aplicación para ligar- hacía un tiempo, y que había quedado ya con varias chavalitas. Ricardo nunca había creído en este tipo de cosas, pero esta noche se sentía tan vulnerable y después del documental estaba tan aburrido que decidió abrirse una cuenta”. 

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3. Javier Garcia (Bejair)

“Era entendible frustrarse por no poder devolver el saludo al que se lo ofrecía en un camino con corredores en ambos sentidos, pero él lo llevó a un mayor grado de expresión, mezcla entre la aflicción y el disgusto duradero. El hombre bueno de antaño arremetió contra su propio espíritu y se volvió entonces áspero y de genio desabrido.

Las redes sociales y los amigos incondicionales que el atleta había acumulado le ayudaron en su nueva tarea de correr sin vista. Pudo gracias a ellos contactar con los que colaboraban en hacer más fácil su dedicación a las carreras. El beneficio de disponer de un guía para mantener y perseverar en su afición sería así una alternativa, casi una solución, una oportunidad de aproximarse a un status de corredor regular, que era lo que él había sido desde joven, cuando a los 23 años descubrió que su cuerpo estaba diseñado para esta diversión”. 

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4. Francisco Garcia-Romeu (Una segunda oportunidad)

“Por algún extraña razón digna de estudio, los vecinos los domingos son más cotillas que otros días. Me pregunto porque no se meten en sus vidas. Nunca he tenido una relación muy estrecha con ninguno del vecindario, es decir, ni les saludo cuando les veo. No sé qué pensarán de mi pero seguro que nada bueno y ¡me da igual! Hola señora, ¡aféitese ese bigote! 

Aguanto 20 minutos, 18 para ser exactos. Jadeos, toses, dolor de rodillas y mucho dolor de costado. Cuando vuelvo a casa y me miro al espejo: doy pena. Cara roja con ronchas, camiseta sudada por cuello y sobacos, ojos de borracho y pulso acelerado. Por hoy está bien, pero esto no va a quedar así, ¡nos vamos a castigar mutuamente hasta ver quien gana o si perdemos los dos!”.

5. María Fermina Antón (La montaña te habla)

“La subida es un auténtico calvario, penosa como pocas. Cada dos pasos hacia arriba retrocedo uno. Es una pedrera descompuesta que me obliga a apoyar las manos para que la grava de la morrena no me arrastre con ella. Los bastones no ayudan mucho, apenas sujetan en este terreno tan deslizante. Conforme asciendo me voy dando cuenta de que no avanzo casi nada, que el collado sigue estando casi a la misma distancia. Miro hacia abajo y veo el agua oscura que reposa en el fondo rodeando los contrafuertes rocosos que estrangulan el lago. Quiero dejar de verlo, no me gusta su oscuridad. Lo que calculé que tardaría media hora en subir me ha costado dos. Ya estoy arriba, pero he llegado reventada. Miro de reojo hacia abajo, por fin estoy fuera del alcance del ibón tenebroso. Suelto la mochila, necesito descansar. Liviana, sin el peso extra, me acerco al borde para ver la bajada del otro lado y ¡sorpresa! Lo que tengo a mis pies es un abismo. Me he equivocado de collado”. 

Autor: Rafa Mora

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